El ejercicio del terror de Estado daña, quizás de manera irreversible, la imagen del socialismo -que es entendido por muchos como un sistema naturalmente represivo- y también evidencia una actitud francamente reaccionaria. Pelo Conselho Editorial de Joven Cuba.

Un fantasma acecha a Cuba: el fantasma de la represión. Su brutalidad e ignominia eliminan en años luz la posibilidad de que se materialice el sueño de una nación “con todos y para el bien de todos”, de un proyecto social “de los humildes, por los humildes y por los humildes”. Las botas manchadas con la tinta de la Constitución de la República  estos días han profundizado la fractura que divide a los cubanos en alas aparentemente irreconciliables. Vimos con vergüenza y horror que en muchas partes del territorio nacional hubo protestas de repudio contra personas que deseaban ejercer el derecho a manifestarse pacíficamente. Videos y quejas inundan las redes. Los gritos, consignas y goles son los mismos que hace años; los repugnantes, sin embargo, son menos numerosos y en no pocas ocasiones tuvieron que ser transportados desde lugares lejanos para insultar a personas que ni siquiera conocían